La posverdad, los presos políticos y hasta aquí hemos llegado.

El 3 de octubre, en la fachada del ayuntamiento de Sant Cugat del Vallès apareció, tras una manifestación de un grupo numeroso de personas, la pancarta en la que se leía, LLIBERTAT PRESOS POLITICS.

san cugat

Tal demanda entra de lleno en la manipulación que siempre ha llevado a cabo el nacionalseparatismo catalán de todos los hechos históricos que le incumben.

Absolutamente imperturbables ante la realidad, se inventan un relato, lo distribuyen a través de sus agencias mediáticas y una parte importante de los ciudadanos catalanes se lo cree.

El asunto de la falsificación es, ya en sí, un tema repetido hasta la saciedad y que no necesita más vueltas, pero conviene detenerse ante algo notorio: ¿cómo puede un grupo probablemente no muy extenso de dirigentes generar este sinfín de falsedades y cómo es capaz un conglomerado de personas de creérselo hasta transformarlo en algo suyo, difundiéndolo y afirmándolo, esto es, convirtiéndolo en verdad? ¿Nadie en semejante colectividad es capaz de percibir la impostura? ¿Seguro que esta posverdad ― neologismo que define con meridiana claridad análoga conducta ― está suficientemente blindada ante el perjurio como para ver que la apelación a la pasión es una venenosa falacia conducente a taponar el recto camino de la razón?

Pues no, es evidente. Para muchos, la verdad, esto es, aquel argumento que se sostiene a través de la experiencia y que se demuestra con pruebas, permaneciendo en pie mientras no se señale como válida una contrargumentación, a saber, el método científico, simplemente no tiene cabida en su pensamiento.

Y eso es, dignamente, lo que enseñamos en clase: a pensar, a argumentar aportando pruebas y a dejar de lado todo aquello que no resista semejante tratamiento. Preguntémonos qué hacen y qué dicen en las aulas aquellos que, de forma sorprendente, postulan y manipulan, adoctrinan y aleccionan justo en la dirección contraria. Incluso, el simple hecho de mostrar una preferencia política ante alumnos menores de edad ya es, ya debería ser, motivo de sospecha, más incluso, motivo de sanción.

No hay presos políticos en España porque a nadie se le persigue ni se le encarcela por sus ideas, sino por sus actos. De tal forma, que algunos de los que en este momento están en prisión preventiva por orden de una juez a lo mejor son candidatos en las próximas elecciones, y lo serán bajo las siglas que defendían ayer y que presumiblemente defenderán el 21 de diciembre.

Pero cuando el cinismo y la desvergüenza de una clase política llega a los extremos actuales en Cataluña, es muy saludable que la ciudadanía tome el toro por los cuernos. Como se ha hecho tantas veces en la Historia de España, en que la Nación ha estado en peligro y el pueblo se ha levantado para afrontar una situación que a unos políticos incapaces y medrosos les quema. Es precisamente lo que se ha hecho hoy, en San Cucufate, cuando un grupo de ciudadanos ha destruido la indecente pancarta a la que nos referíamos, como podemos apreciar en el siguiente video.

 

Enhorabuena y felicidades por vuestro valor y resolución. Esta noche los vecinos dormirán mejor.

 

Román Langosto

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s